Tengo la muy mala costumbre de dar un repaso a las noticias antes de desayunar, este hábito es contraproducente y no lo aconsejo a menos que se esté en tal obligación –la del ayuno– por prescripción facultativa.
Esta mañana leí que el presidente del Partido Popular del País Vasco, Basagoiti, ha reconocido que en todos los partidos, entre tantos cargos públicos y personas con responsabilidad, “siempre hay una manzana negra”, haciendo una traslación desde el reino animal al vegetal; ya no se trata de la clásica oveja negra sino de una manzana, supongo que además de afectar al color del fruto influirá en su naturaleza, y que tal manzana estará también podrida. Añade –y es una obviedad– que siempre hay gente que se aprovecha de su cargo.

Creo que ha llegado el momento de hacer caso y seguir los consejos que provienen del aparato gubernamental. Tenemos que empezar por mucho que duela pero ya casi no queda tiempo: hay que reflexionar.
Cuando miramos a nuestro alrededor, nos inunda la zozobra: crisis, paro, futuro incierto… Pocos asientos para el optimismo y la confianza. En uno de esos momentos en los que la serenidad se me ausenta tomo en mis manos una antología poética de Rafael Alberti, la abro al azar:
La democracia española es una eterna carrera electoral. Cuando no son las elecciones nacionales, son las autonómicas, luego vienen las locales y cuando todavía no te has recuperado se presentan las europeas. Es imposible tener un poco de tranquilidad en este país, rodeados de políticos por todos lados. Políticos que no mienten pero que desconocen la verdad, políticos que están siempre ocupados a pesar de que no saben lo que es trabajar. Políticos, que al fin y al cabo, siempre están en sus puestos de salida para la carrera electoral.



Los romanos, dieron a Hispania el significado de “país de los conejos”, y tanto Cicerón, Plinio el Viejo y en especialmente Cátulo se refieren a Hispania como tierra cuniculosa. No sé si ahora hay muchos conejos o no, no estoy muy puesta en estos simpáticos animalitos, pero ahora creo que habría que llamar a este sufrido y paciente país “de los carteles”. ¿Se han fijado en la pasión por el carteleo que aquí hay? El presidente ZP con su Fondo de Inversión para el Empleo ha repartido en cada villa y pueblo unos enormes carteles, no hay obra sin su gran tablero anunciándola y en algunos casos parece que vale más el cartel que la obra en si. 




