Olga tenía ganas de hablar. Claro, de economía. Me entusiasma ver lo que le encanta esta materia y también ver su modo de asimilar muchos conocimientos cada día. Entró en casa de la manera que suele hacerlo, como un torbellino, atravesando los pasillos en un respiro, como una exhalación, y haciéndose notar con esa voz enérgica y musical que le caracteriza.
Abrió un poco la puerta de mi habitación y asomó parte de su cara y gran parte de su sonrisa:
—¡Hola! ¿Estás muy ocupada? —me preguntó.
—No. Pasa. Siéntate. Read the rest of this entry ?