
AÑOS
12 Febrero 2010Hoy, recostada en nostalgia,
compongo un triste recuento
de los días que volaron,
de las cosas que se fueron,
de los ojos que cerraron
su luna nueva de invierno,
del viento en el mediodía,
siempre el mismo y siempre nuevo,
con un lugar en el mundo,
que a duras penas comprendo.
Hoy se me han hecho visibles
los dibujos del silencio,
la ingratitud del latido
que se despegó del cuerpo
para callarse de pronto
en la penuria del tiempo,
como todos, como nadie,
como caprichos de hielo,
con una explicación vaga
que a duras penas comprendo.
He cruzado las fronteras
de los almanaques viejos,
he agotado mil puñados
de las pisadas que tengo,
y me quedan dos alforjas
llenas de lluvia y aliento,
y arena desdibujada
por las líneas de los sueños,
sobre un azaroso enigma
que a duras penas comprendo.
¿Quién enjugará mañana
el agua de mis cimientos,
las ansiosas tempestades
de luces blancas y céfiros,
la inundación de las llamas
que brotarán desde el centro,
cuando me llamen altivas
las voces de los recuerdos?
Es una pregunta absurda
que a duras penas comprendo.
Virginia Cobos





