
Nuestro patrimonio
23 Enero 2010
Estábamos sentados al frescor de la tarde en la calle Luna, mi marido buscaba sus habituales musarañas, y daba giros periódicos al cuello, mirando no sé qué. Sin la prensa escrita o sin su ordenador está perdido. Intentaba sacar algún tema de conversación pero era su día monosilábico. Sí. No. No. Sí. No había más. Comencé a acelerar el ritmo del abaniqueo. Cada vez me golpeaba más fuerte y veía que me ponía más irritable. De repente me levanté y le dije:
—¡Me voy!
Él describió un semicircunferencia completa con su cabeza, ciento ochenta grados justos. Me miró sin verme mucho, enarcó la ceja derecha, y calmada, y exasperadamente preguntó:
—¿Dónde? —me respondió de la forma más anodina que pudo.
En ese momento la ira me subía a la cabeza y casi grité:
—¡A la Prioral!
Me di media vuelta torera y con todo el garbo de que disponía tiré hacia arriba. Le imaginé fruncido el ceño y tan tranquilo, llevándose el vaso de cerveza a la boca, dispuesto a esperarme allí sentado el tiempo que hiciera falta.
Cuando ya iba a la altura de la Placilla aminoré la marcha y pensé que ir a la Prioral no era mala idea, me agradó. Iría a la capilla del Sagrario, me gusta mirar el retablo de plata mexicana, del Potosí. También suelo quedar extasiada ante el ángel que a modo de custodio sostiene una lámpara delante del sagrario. Creo que se atribuye a aquella magnífica escultora sevillana de finales del siglo XVII, llamada “La Roldana”, Luisa Roldán.
Entré por la puerta de la sacristía y me dirigí a la capilla del Sagrario, me senté en la parte izquierda y quedé contemplando el ángel lamparero. Efectivamente –me dije– las figuras de “La Roldana” son suaves y de rostros sonrientes y perfectamente ovalados los rostros. Fue la escultora de cámara de Carlos II y de Felipe V. Con el barro era de una minuciosidad increíble en los que acentuaba el naturalismo…
Estaba en estos pensamientos artísticos cuando sentí un leve movimiento por detrás, agarré fuerte mi bolso y me volví rápidamente.
—¡Olito! —exclamé.
—¿Qué haces aquí? —le pregunté de inmediato.
Alzó los hombros, dobló su cabecita hacia la derecha y sonrió sin ser consciente del susto que me había dado.
Me levanté y le dije:
—Ven. Te enseñaré alguna cosa de la Prioral.
Miré el reloj con alguna dificultad y vi que no era hora de que Olito estuviese lejos de su casa y añadí:
—Bueno, veremos un par de cosas —le tomé de la mano.
Me produce cierta pena el ver la Iglesia Mayor tan poco valorada y tan descuidada, ella es un punto central de nuestro patrimonio artístico y ha estado muy dejada desde hace muchos años. Parece que ahora hay planes serios de restauración y conservación. Esperemos que se cumplan.
—Mira Olito, esta se llama la Puerta del Sol, es la habitual de entrada, ya creo que poca gente la llama así —me hubiera gustado decirle que era de estilo barroco con algunos elementos platerescos.
Olito me miró con sus espabilados ojos y repitió:
—Puerta del Sol.
Llegamos al final de la nave y nos paramos en el pequeño recinto -abandonado y polvoriento- en el que está la pila bautismal. Nos paramos detrás de la férrea verja y le comenté a Olito:
—¿Ves Olito? En ese lugar me bautizaron. A mí, y a gran parte de mi familia —dije hablando como conmigo misma.
Olito se acerco y metió media cabeza por las rejas. Le pregunté:
—¿Sabes lo que es un bautizo? —sacó la cabeza y mirándome con atención contestó:
—¡Sí! ¡Mucha gente a comer! —me reí con la respuesta tan prosaica.
Nos dirigimos a la Puerta del Sol para salir, le acompañaría un poco en dirección a su casa. Cruzamos la plaza y nos dirigimos por Pagador a la calle Santo Domingo. Íbamos por allí y justo en el cruce con la calle San Bartolomé me encontré con una amiga de hace años, fiel militante del PP y que ya lo fue de AP. Después de los cordiales saludos iniciales me dijo:
—¿Es tu nieto? —señaló a Olito.
Como no tenía ganas de dar explicaciones le contesté que era mi amigo. Me miró de un modo extraño y pasó a su tema preferido: la política municipal.
Me disparó –muy en su estilo habitual– varias preguntas seguidas:
—¿Cómo ves El Puerto? ¿Estás al tanto de lo que ocurre? ¿Crees que lo estamos haciendo bien? ¿Están limpias las calles?…
Le interrumpí –un poco airada– y contesté:
—Estoy dispuesta a padecer un poco de más suciedad pero que se cumpla con algo, solo con algo, de lo que hay el programa electoral. Lleváis más de un año y aún no se ve nada —y añadí—. Mucho vender El Puerto, mucho quejarse de que no hay dineros, pero muchos viajes, mucha publicidad, mucha parafernalia, mucha foto y mucha tontería… Nada substancial, nada importante para la inmensa mayoría de la población. Estáis intentando constantemente vender humo.
Me miró con espanto y me pareció a punto de lanzarme un anatema o un exorcismo. Balbuceó las siguientes palabras:
—¿Tú sabes cómo nos encontramos el Ayuntamiento?
—Lo sabíais todos y Moresco lo sabía perfectamente. Y en vez de hacer cambios estructurales os habéis limitado a seguir el marco sistémico que tenía establecido Hernán Díaz. Con esa película no vais a ninguna parte, sea cual sea el candidato que presentéis en las próximas elecciones.
Un poco más dueña de sí, me contesto:
—Hace falta un poco de paciencia, pronto remontaremos y se verán cosas.
Ya estábamos en el cruce con la calle Larga, dándole a Olito un suave golpe en el trasero le dije:
—¡Venga! ¡A casa! ¡Rápido! —y salió corriendo hacia su casa.
Mi amiga también se despidió, se excusó diciendo que tenía prisa. Sola enfile por la calle Larga hasta Luna mirando lo que habían cambiado muchas de las edificaciones. Iba pensando en que había estado demasiado seca y vehemente con la amiga del PP y quizás la llamaría por teléfono para disculparme un poco.
Mi marido seguía sentado, bebiendo la enésima cerveza. Al llegar me preguntó:
—¿Quieres tomar algo?
Con cara digna e indiferente apostura le respondí:
—No, nada. ¿Nos vamos?
Crisol T.
(Este artículo de Crisol T. fue publicado en www.portuenses.com el 15 de septiembre de 2008. Lo traemos hoy aquí porque nos parece obligado y bueno recordar todo lo relacionado con nuestro patrimonio.)






Querida Crisol:
Ten un poco de paciencia, estos pobres chicos se encontraron un Ayuntamiento… ¡tiesoooo! y luego la crisis; están algo “ajogaos” y verás que dentro de un año cuando termine este jaleo de calles etc. El Puerto estará como nos prometieron. ¡To “arreglao”! Un saludo y… ¡p’alante como los de Alicante! (En este caso como los del Puerto)
Venga ya Antonia, este artículo está escrito hace más de un año y seguimos igual, y si el Ayuntamiento está tan “ajogao” como dices, se podían haber ahorrao una pastizara gansa si el Parque de la Victoria lo hubiesen dejado como está, eso por poner un ejemplo y no tengo ya más ganas de discutir este asunto tan manido de lo mal que estaba la caja del Ayuntamiento y…bla bla bla. ¿Estamos?
Querida Antonia:
He leído varias veces tu comentario y creo que tú eres esa amiga –y además fiel militante del PP– de la cual hablo en ese artículo, pues el modo de expresarte es tan tuyo que me parece del todo inconfundible. Me he retrasado en contestarte y se me ha adelantado un lector que esgrime el mismo argumento que yo te iba a exponer, y es el de que esa carta tiene ya casi año y medio y estamos en una situación similar a la de entonces, es decir, en espera. Una espera al compás de unas obras cuyo mérito (o demérito en algunos casos) no es del equipo de gobierno de tu partido sino de la financiación aportada por el Plan E. Fíjate que si le quitamos el Plan E a lo que se ha hecho en El Puerto nos quedamos casi sin nada. Ahora, eso sí, FITUR y otros fastos que no falten.
También debería añadirte que los ciudadanos debemos pagar nuestros impuestos y no se nos permite ninguna espera ni retraso en el pago, ¿por qué hemos de esperar tanto para ver que hace nuestro gobierno municipal? Te aseguro que muchos portuenses, sobre todos aquellos que tienen problemas de empleo, querrían también acogerse ese derecho “de espera”, ¿no?
Sé que tú compartes estos razonamientos pero únicamente en “petit comité”, como sueles decir. En público vas con los tuyos con razón o sin ella, y ya sabes que no comparto eso porque eso es el primer estadio del fanatismo.
En fin, todas las discrepancias entre nosotras son de carácter político y no atenúan ni nuestra amistad ni el cariño que nos profesamos. Recibe un cordial y afectuoso abrazo.
Los ciudadanos estamos hartos de esperar, llevamos años en este plan. Los actuales inquilinos de Casa Consistorial prometieron muchas cosas y no han cumplido ni la décima parte. Eso sí nos han regalado un montón de obras “interminables” o de “discutible gusto” como el Parque de la Victoria.
Pero cuando se trata de fiestas o salir en las fotos no escatiman ni tiempo, ni dinero.
Esta gente del PP se gastan un dinero en cosas para que el alcalde se haga fotos y después queda tirado y sin mantenimiento, por ejemplo, se inauguran los puntos Wifi del Parque Calderón y de la Plaza de Peral, el del parque hace ya casi un mes que no funciona, y el de Peral al menos hoy no funcionaba tampoco. ¿Para qué sirvió todo el rollo de inauguración? Pues eso, para que el alcalde se hiciera las fotos. ¡Dinero nuestro tirado!