Archivo de 23/01/10

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Nuestro patrimonio

23 Enero 2010

Estábamos sentados al frescor de la tarde en la calle Luna, mi marido buscaba sus habituales musarañas, y daba giros periódicos al cuello, mirando no sé qué. Sin la prensa escrita o sin su ordenador está perdido. Intentaba sacar algún tema de conversación pero era su día monosilábico. Sí. No. No. Sí. No había más. Comencé a acelerar el ritmo del abaniqueo. Cada vez me golpeaba más fuerte y veía que me ponía más irritable. De repente me levanté y le dije:

—¡Me voy!

Él describió un semicircunferencia completa con su cabeza, ciento ochenta grados justos. Me miró sin verme mucho, enarcó la ceja derecha, y calmada, y exasperadamente preguntó:

—¿Dónde? —me respondió de la forma más anodina que pudo.

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