
La democracia aparente
28 octubre 2009
El término “república bananera” tiene un sentido peyorativo, que principalmente se utiliza para describir gobiernos –casi siempre alejados de nuestra zona geográfica– que se caracterizan por ser corruptos o por estar sometidos a otros Estados más ricos o poderosos.
La república bananera tiene una democracia aparente, repleta de connotaciones folclóricas porque sus pilares fundamentales, sus instituciones, poderes y cuerpos se encuentran mezclados de tal manera que hace imposible encontrar sus muros de separación. Por tanto, no hablamos de dictaduras sino de países que tienen vestiduras democráticas, muy elegantes, pero falsas o falseadas. Poseen constituciones, diferentes instituciones y su famosa división de poderes y procesos electorales pero el ciudadano se encuentra marginado.
Son constituciones que proclaman derechos fundamentales, como la libertad de pensamiento o expresión, pero a la hora de la verdad, tu nivel de buen ciudadano dependerá de lo que pienses, votes o digas, si te atreves. Sus dirigentes y el resto de los políticos no sufren empacho en utilizar métodos propagandísticos para establecer una ideología “buena”, que impide el libre albedrío y la libertad individual. Sus diferentes Poderes gozan de una independencia (tan endeble como la plastilina) con síndrome de Estocolmo, tolera, acepta y disfruta de las interferencias del Poder Ejecutivo o de aquellos que detentan el control. Pero a pesar del control férreo que ejerce el Poder, la corrupción campa a sus anchas porque sólo es perseguida con ahínco cuando interesa: al corrupto oportuno. Todo aliñado con unas elecciones que si no son amañadas previamente, el resultado de las mismas será inane porque la voluntad del pueblo es aplastada por el empleo de la demagogia y propaganda y es reemplazada por los deseos de unos pocos, los políticos.
Los ciudadanos saben que con independencia de los que voten todo seguirá igual, sus problemas no se resolverán porque ya no confían ni en la Justicia que es vista con recelo: la imparcialidad está contaminada políticamente. Y su única esperanza, la prensa libre, se encuentra de vacaciones.
Podríamos estar hablando de ciertos países muy lejos de Europa –que encajan de maravilla en esta descripción– pero por desgracia podemos estar hablando de nosotros mismos.
Socorro






Los políticos de aquí entienden que somos siervos de su “democracia” que consiste en sonreírnos y darnos palmaditas en el lomo cada cuatro años para que les vayamos a votar. La palabra “democracia” en boca de esta gente sólo significa engaño y corrupción.
Los españoles pagamos impuestos como en Suecia y recibimos del Estado servicios como en Nigeria, trabajamos (los que aún tenemos esa suerte) cuatro meses para pagar impuestos y dedicamos casi la mitad del sueldo anual para pagar un sector público enorme, de gran corrupción y poca vergüenza, que se niega a disminuir y que impide al país salir de la crisis. Los únicos que salen beneficiados de todo esta mierda son los políticos (todos, todos) que se la tienen montada para el trinque.
Este país ya lleva unos añitos de bananero, tenemos bastante experiencia en eso.