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En nuestro patrimonio también hay dulces

7 Octubre 2009

(Hace unos días pedimos a nuestra colaboradora Crisol T. que escribiese algo relacionado con el Convento de las Concepcionistas, que como todos ustedes sabrán, sufrió bastantes daños y algunos destrozos graves causados por el temporal de lluvias con abundancia de rayos que tuvimos en El Puerto hacia finales del pasado mes de septiembre. Ella nos ha enviado este artículo: “En nuestro patrimonio también hay dulces”, que se publicó el 5 de octubre de 2008 en www.portuenses.com, y ha prometido que nos remitirá algún otro escrito para apoyar una campaña de petición de ayuda para este monasterio –pieza importante de nuestro patrimonio– y para sus religiosas que nos lo conservan.)


fotart049aEl día era propicio para la melancolía otoñal. Nubarrones grises y negros se entremezclaban en lo alto. De vez en cuando caía una lluvia perezosa y lánguida. Quería escribir algo pero me debatía en los interminables monólogos interiores; me venían –y se iban– mil cosas a la vez. Sentía una rara desazón. Recordaba esas conversaciones consigo mismo del personaje del Ulises de Joyce, Leopold Bloom. Me aparté con cierta vehemencia de la ventana. Quedé con la mirada perdida delante de la pantalla encendida del ordenador. Quizás estuve así un buen rato, no sé.

Se me ocurrió entrar en la página del ayuntamiento para buscar la programación de otoño de nuestro teatro Pedro Muñoz-Seca. Me sentí atraída por “El Burlador de Sevilla” de Tirso de Molina, recordé otras obras de ese fraile mercedario genial hijo putativo del duque de Osuna: El condenado por desconfiado, Don Gil de las calzas verdes y también Dña. Beatriz de Silva.  Ahí, a modo de Leopold Bloom, di un salto en mi personal monólogo. De la última obra citada pasé a pensar en su carácter de santa; Santa Beatriz de Silva, que curiosamente nació en Ceuta y fundó la orden de las Hermanas de la Inmaculada Concepción. Y de pronto me encontré recordando el retablo central de madera dorada del Convento de la Concepcionistas, con su hornacina central ocupada por una bella escultura de la Inmaculada, probablemente de alguien de la escuela de Martínez Montañés. Me parece que en el cuerpo bajo hay unas esculturas de Santa Ana y San Joaquín. Y creí recordar que la capilla tiene una azulejería preciosa. Me prometí visitar la iglesia cuanto antes.

fotart049bDesconozco quién acuñó la frase: “malos tiempos para la lírica”, pero al igual que para la lírica hay tiempos malos, para nuestro patrimonio también. No corren buenos tiempos para nuestra herencia patrimonial, ese enorme convento está cuidado por unas –muy pocas– monjas, que lo tratan de conservar con peculiar primor, pero sin apenas medios para ello.  Cada Comunidad Concepcionista trabaja para ganarse el sustento material. Es lógico que el trabajo que realizan tenga que ser compatible con la vida religiosa contemplativa que siguen. Estas monjas del Puerto, se dedican a la repostería y hacen unas deliciosas pastas y unos dulces exquisitos que en otra ciudad serían de referencia turística obligada. Aquí no. Adquirir estas excelencias también sería preservar nuestros bienes. Recordemos que en nuestro patrimonio también hay dulces.

Crisol T.


3 comentarios

  1. El domingo pasado L. Suárez escribió un artículo sobre esta cuestión del convento en el “Diario”: Rayos y truenos.


  2. Ya han puesto el pararrayos en el tejado: Pararrayos instalado. Un poco de ayuda, si pasamos por Larga 144, no les vendrá nada mal.


  3. La Hermandad del Rocío, la del Dolor y Sacrificio y otras también han echado una manita para el arreglo de los desperfectos: Fiesta benéfica.



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