(Hace unos días pedimos a nuestra colaboradora Crisol T. que escribiese algo relacionado con el Convento de las Concepcionistas, que como todos ustedes sabrán, sufrió bastantes daños y algunos destrozos graves causados por el temporal de lluvias con abundancia de rayos que tuvimos en El Puerto hacia finales del pasado mes de septiembre. Ella nos ha enviado este artículo: “En nuestro patrimonio también hay dulces”, que se publicó el 5 de octubre de 2008 en www.portuenses.com, y ha prometido que nos remitirá algún otro escrito para apoyar una campaña de petición de ayuda para este monasterio –pieza importante de nuestro patrimonio– y para sus religiosas que nos lo conservan.)
El día era propicio para la melancolía otoñal. Nubarrones grises y negros se entremezclaban en lo alto. De vez en cuando caía una lluvia perezosa y lánguida. Quería escribir algo pero me debatía en los interminables monólogos interiores; me venían –y se iban– mil cosas a la vez. Sentía una rara desazón. Recordaba esas conversaciones consigo mismo del personaje del Ulises de Joyce, Leopold Bloom. Me aparté con cierta vehemencia de la ventana. Quedé con la mirada perdida delante de la pantalla encendida del ordenador. Quizás estuve así un buen rato, no sé.
Archivo de 7/10/09






