Mientras el Gobierno nos amenaza con una subida de impuestos, los españoles asistimos perplejos a tan buena disposición por parte de nuestros políticos para manejar el dinero que no han ganado. Ellos crean el problema y nosotros pagamos la cuenta.
Pero no crean que a todos los españoles les va mal. Hay un reducido y selecto grupo que a pesar de las vacas flacas van engordando sus cuentas corrientes gracias a la “encomiable, didáctica, instructiva y civilizada” tarea de comentar la vida de los famosos. Ser tertuliano de un programa “del corazón” –¡qué guasa tenía el tío que inventó el termino!– es muy lucrativo. Según ha aparecido en la prensa nacional las tarifas en el sector van de los 300 euros –tertuliano ocasional sin caché de superestrella– hasta los 2000 ó 3000 euros si eres un galáctico del cotilleo. Y todo por contar la vida de otros o inventársela. Las antiguas cotillas que se asomaban detrás de los visillos de sus casas para ver que estaba pasando a su alrededor y no tardar ni medio segundo en pregonar lo visto, oído o imaginado en plena plaza o patio han dado paso a los vendedores de las intimidades ajenas. Y como buenos mercenarios están acogidos al todo vale y al todo por la pasta.






