
Subida de impuestos: el pago de la irresponsabilidad de otros
28 agosto 2009
Venía de la Placilla de comprar algunas cosas, y nada más entrar en casa, mi marido asomó la cabeza por encima del periódico y me dijo que se estaba cumpliendo lo que yo había vaticinado en el artículo del 13 de junio, “Saber gastar y saber guardar”, en donde apostaba que habría una subida generalizada de impuestos a corto plazo.
Es algo que tenía tan asumido que ocurriría, que no me sorprendía nada la noticia, es más –al igual que otros muchos analistas– tenía una seguridad total de que eso iba a suceder, dada la inestabilidad y caminar errático de este gobierno en la economía; algo que no es de ahora, eso viene desde hace bastante tiempo.
En un hogar cuando las cosas se ponen complicadas, se hacen recortes de gastos, ajustes presupuestarios y se intenta –y es lo más complicado– aumentar los ingresos. Los gobiernos, esto último lo tienen más diáfano, suben los impuestos y hacen más caja. Así de sencillo. Esta última, a mi juicio, es la gran diferencia entre la economía de un país y la economía de nuestros hogares.
Pero hay otras vertientes graves que debemos considerar. Cuando en las familias las cosas van mal por causas en gran parte exógenas, como son: el paro, la crisis, los desaciertos económicos de los gobiernos, etc., se les hace pagar todo esto mediante una forma sofisticada de extorsión y maltrato que son los impuestos. O sea… La gente común tiene que abonar los desperfectos.
Los gobiernos, históricamente, justifican el saqueo a nuestros bolsillos de dos formas. Una, esparciendo las culpas a su alrededor; los culpables son siempre otros, y además, lejanos, porque así hay menos compromisos. La otra manera que tienen de tratar de exonerarse, es la de hacer uso de todas las estrategias demagógicas posibles, apelando a la necesidad extrema de los más débiles o dibujando utópicos horizontes de felicidad y bienestar para todos los ciudadanos.
Sin embargo, ellos, los que han sido responsables de la ruina, se agarran a sus poltronas, y con gran dosis de hipocresía prometen sacarnos del hoyo profundo en el que nos han metido por su irresponsabilidad, ineptitud, desconocimiento, incapacidad, e incluso, en muchos casos, por su imbecilidad.
Crisol T.






Al final los de siempre, pagamos los de a pie y ellos a fardar de viajes, guardaespaldas, dinero y todo. Y nosotros a fastidiarnos o más bien a jod*****, con perdón.