
I
Cuando más firmes eran los detalles
perfectamente fijos en sus leyes,
cuando era inexorable aquel camino
que se me hizo verdad entre preguntas,
de agua me encontré mi corazón,
tal vez de sangre, como sin forma, huésped
de aquel vaso dorado que se alzaba…
Cuando más ciertas eran las siluetas
y más reales marcaban cada paso,
se cercenó el silencio sin piedad,
y apareciste tú, como una brecha,
rasgando cada línea de mi mundo,
agitado de ti, como de lava.






