
Transparencia
11 agosto 2009
Como todo el mundo sabe que es la transparencia no voy a perder el tiempo dando la definición que establece cualquier diccionario serio y tampoco es necesario en este caso. De lo que se trata es que la ONG Transparencia Internacional España ha recogido en su informe anual al Puerto de Santa María como uno de los municipios más transparentes del país, ocupando el puesto 15 (88,8 puntos). Hace escasamente un año el número 88 era el que teníamos, lo que supone una notable mejoría.
Tenemos magníficas calificaciones en información sobre la corporación municipal (94,1 puntos), relaciones con los ciudadanos y la sociedad (80,0), transparencia económica-financiera (94,7), transparencia en la contratación de servicios (100,0), transparencia en materias de obras públicas y urbanismo (82,4). Y como cualquier hijo de vecino que acaba el curso con buenas notas y corre a contárselo a papá, mamá, familia y resto de la vecindad, el Ayuntamiento no ha perdido ocasión para alardear de ranking y así aparece en la página Web de la Casa Consistorial, periódicos y en boca de los mismos miembros de la Corporación. Es lo que podríamos llamar hacer propaganda de uno mismo, proclamando a los cuatro vientos lo lindo, guapo y bueno que somos. Y olvidando que la transparencia como la eficacia, la responsabilidad y la rectitud son deberes innatos y no medallas en subasta pública.
Estos políticos –y todos– no necesitan abuela, ellos mismos se bastan. No se esconden cuando se trata de presumir pero cuando se presentan las malas corren como avestruz en busca de su boquete donde meter la cabeza. Y llegará el día, cuando tengan que dar explicaciones de algún entuerto, complicación, desvarío, metedura de pata, escándalo o infracción y entonces preferirán callar o desviar la atención porque son políticos y la valentía no se encuentra entre sus cualidades.
No debemos olvidar esta palabra, transparencia. Habrá que incluirla en la lista de palabras sospechosas de significado, ya que como dialogo, igualdad, reflexión, ética están siendo ajadas y vejadas por el abuso que de ellas hacen los políticos. Va siendo hora que publiquen un diccionario de político-español para que nos entendamos. Entre el engolamiento, lentitud, cursilería y perversión del lenguaje nadie es capaz comprender lo que quieren decir y es difícil escuchar a un político sin sonrojarse, dudar, dormirse, asombrase, reír o llorar.
Socorro





