(Nuestro colaborador Carlos Romero y su novia, han pasado unos días de vacaciones en la hermosa capital cubana, al otro lado del charco, en La Habana. Allí tuvieron la suerte de disponer de un cicerone de excepción, el Dr. Lázaro Blanco, que les acompañó durante bastantes horas y les mostró muchas de las bellezas de su ciudad, y no sólo eso, el prof. Blanco nos ha enviado un magnífico y extenso relato de cómo fue el día de los dos portuenses en La Habana -la perla del Caribe- y que con gran placer publicamos en “Nuestro Mirador”.)
Dos andaluces en La Habana
(El viaje que se perdió Don Cristóbal Colón)
por Lázaro J. Blanco Encinosa
- ¡Qué calor hace en La Habana en agosto!
- ¿Y por qué habrá tanta gente y tantos negros?
- ¿Y por qué los blancos son tan prietos?
- Y si del Vedado a la Habana Vieja no hay más que seis kilómetros, ¿por qué nos pasamos un día entero y no pudimos llegar?
- ¿De dónde sacan tantos coches americanos viejos?

Venía de la Placilla de comprar algunas cosas, y nada más entrar en casa, mi marido asomó la cabeza por encima del periódico y me dijo que se estaba cumpliendo lo que yo había vaticinado en el artículo del 13 de junio, 

La futura Ley de Economía Sostenible que el Gobierno nos va a “regalar”, se va a fundamentar en dos principios cuanto menos peculiares, la urgencia –muy mala consejera– y la imaginación –muy peligrosa compañera–. Esta Ley, la más importante de la legislatura en este ámbito según las propias palabras del Presidente, tiene que estar lista antes que acabe el año porque no nos podemos quedar sin regalo de Reyes –sin lugar a dudas, carbón– ; de ahí las prisas.


Tengo la muy mala costumbre de dar un repaso a las noticias antes de desayunar, este hábito es contraproducente y no lo aconsejo a menos que se esté en tal obligación –la del ayuno– por prescripción facultativa.




