
Pobre niño Michael
25 julio 2009
En el calor incipiente del final de Mayo, que se abría como una antesala del verano hacia la promesa de las esperadas vacaciones, yo celebraba el alegre día de mi Santo, a medio camino del año, con el otro medio por atravesar hasta llegar a las Navidades, y en ellas, inmerso en una maraña de pequeños y simples regalos, mi cumpleaños. Ahora, en este Mayo de olores jocosos y cielos previsiblemente azules, era el momento de recibir otra tanda menuda de presentes: Por fin podría disponer de ese disco que llevaba pidiendo durante meses, un “single” a 45 revoluciones por minuto, con un fondo rosado donde aparecía el sello de la Motown, y cinco hermanos de color, entre los que destacaba el más pequeño, Michael. Se trataba del éxito “I want you back” de los Jackson 5, con el niño Michael a la cabeza, ese niño de voz prodigiosa y pies alados que me fascinaba, especialmente porque, a pesar de compartir mi edad, se había convertido en un fenómeno conocido en todas las latitudes, y junto con sus hermanos, había conquistado la escena musical de la época. Poco podía sospechar yo que toda esa avalancha de fama y gloria le había costado toda su niñez, y que ello le marcaría para siempre con la frustración de quien ha perdido un bien sumamente preciado sin posibilidad de recuperarlo jamás. Poco podía yo imaginar en mi inconsciencia pueril el alto precio que el admirado niño había tenido que pagar por conseguir la popularidad universal, y que más tarde cuando el éxito eclipsara sus sueños de niño, él se empeñaría inútilmente en rescatar, con todos los medios a su alcance, engañosos todos ellos, hasta dejarse la vida en la absurda búsqueda.
Al ir transcurriendo el tiempo, el azaroso éxito del niño Michael iba cambiando a través de los años, a la par que su aspecto y las circunstancias que le rodeaban. Yo siempre tuve la sensación de que existía una especie de paralelismo entre nosotros dos, aun siendo perfectos desconocidos, quizá por aquello de sentir que nuestros cumpleaños andaban cerca, o tal vez por la impresión de haber asistido a su vida desde una edad temprana, como se sigue la de un familiar con quien no tienes demasiado contacto, pero de quien oyes hablar de vez en cuando al ir pasando los años, convirtiéndose por ello en un ser siempre cercano en el recuerdo.
Cuando más adelante la suerte pareció volverle la espalda, yo, tal vez ingenuamente, siempre le defendí desde dentro, desde la profunda ternura que era capaz de arrancar de mi memoria perdida en aquel Mayo de mi infancia, convencida de haber observado la marca de la tristeza y la desesperación en ese chico que nunca pudo crecer porque nunca pasó por la niñez como es debido, porque tuvo que saltar a la madurez del trabajo y las responsabilidades de los adultos, cuando él sólo quería jugar en el patio del barrio, y lanzar unos mates con los chicos de su edad, como yo.
Me hubiera gustado poder hablar con él y decirle cuatro tonterías, cuatro pequeños consejos, de la forma más simple y cariñosa, como se les habla a los enfermos del alma justo en el momento en que más bien les puede hacer. Tengo que confesar que desde hace mucho este pobre chico solo, de quien tanta gente se había aprovechado, me daba lástima, una sincera lástima infinita, sobre todo al verle luchar por conservar lo que todos sabemos irremediablemente extinto, como mi sonrisa inocente ante el mundo el día en que recibí un disco para celebrar mi Santo.
Virginia Cobos






Muy bonito articulo, un homenaje sentido a Michael. Gracias por este hermoso escrito.
Muchas gracias por este magnífico post que refleja en gran parte lo que yo siento y pienso sobre Michael Jackson y que quizás soy incapaz de escribir.