Hoy me he levantado un poco más cansado, un poco más decaído y estresado.
Y es que anoche me volví a acostar muy tarde, pensando y debatiendo sobre cada uno de los peligros que me acechan en el exterior.
Y cada mañana en el trabajo localizaba un síntoma más en mi cuerpo. Al cansancio inicial, no sé si os lo comenté, le siguió un progresivo dolor de cuello, principios de insomnio, dolores de espalda, una carrasposa tos, un acedo dolor de garganta, una medrosa palidez producida por persistentes mareos. Un continuo y numeroso listado de efectos secundarios que están haciendo de mí, un completo prospecto humano.






