Ahora parece que El Puerto se halla totalmente inmerso en las grandes cosas, en las grandes obras. Se han escrito –aquí y en otros medios– multitud ingente de páginas sobre la oportunidad y la inoportunidad, la conveniencia e inconveniencia, utilidad o inutilidad, perjuicios o beneficios de tales arreglos en calles y plazas. Pero a nosotros nos gustaría romper una lanza por lo pequeño, por esas pequeñas cosas de la vida cotidiana en nuestra ciudad que necesitan una atención y que son también, no nos cabe duda, importantes. Por ejemplo, ¿a nadie se le ocurre adecentar el selvático rincón en donde reposa el busto de la Fernán Caballero en la plaza del Ave María? Allí está ella, cubierta y escondida entre las ramas generosas de los árboles que la rodean.







