De todos es sabido que en verano las obras se convierten en una plaga mucho más molesta, pegajosa, y difícil de erradicar que otras más clásicas como las de mosquitos, cucarachas, o incluso las que conforman esos personajes veraniegos llamados turistas, que si bien invaden nuestro terreno cotidiano como en hordas, privándonos de algún rincón en nuestra terraza favorita, o de los centímetros precisos para pasear con soltura en esas calles que en otras épocas sabemos nuestras, merecen nuestra comprensión y condescendencia, ya que casi sin dudarlo, ese es un papel (el de turista) que todos hemos asumido o vamos a asumir en algún momento de nuestra vida vacacional.
Archivo de 8/07/09






