
Políticos en obras
5 julio 2009
¿Saben cuál es el tema de conversación en las últimas semanas? ¿Y cuál va a ser en lo que queda de verano? La proliferación de obras, las calles levantadas y el colapso circulatorio que provocan.
Sobre lo que no hay dudas es que a todos nos molestan las obras. Cuando tenemos un albañil en casa, siempre sabemos cuando entra por primera vez y que después de su marcha nos tendremos que hartar de limpiar. Pero tantas molestias las olvidamos y llegamos a extasiarnos de lo bonito que ha quedado todo, con ese suelo de parqué último modelo, las ventanas a prueba de ruido y los nuevos apliques que encontramos en Ikea. Pues la ciudad es igual, es nuestra casa común que siempre necesita un arreglito, pero con peculiaridades, principalmente la relativa al presupuesto (ya sea un simple bordillo o una avenida la cifra consignada será enorme y repleta de ceros) y con dos diferencias: fecha elegida y escasa minuciosidad.
¿Deciden hacer obras en sus casas cuando saben a ciencia cierta que van a tener visitas? Seguro que no, excepto que la visita sea todo menos deseada y en este caso no hay truco mejor. Pues el verano en una ciudad como el Puerto es la navidad de cualquier casa donde esperamos a tíos, abuelos y demás familiares. Por eso extraña que sea la época elegida para colocar patas arriba las calles.
Otra cosa en lo que difiere una obra casera a una municipal es el cuidado de
los detalles. Si hemos tenido la santa paciencia de aguantar ruidos, polvo y demás molestias para ver el hogar en condiciones y disfrutar, me apuesto que por nada del mundo vamos a dejar los restos inservibles como recordatorio de la vida pasada. Pues eso no sucede en las calles portuenses.
Desconozco el tiempo empleado para adecentar las calle Misericordia y Luna pero seguro que los vecinos no lo dudan, por eso no deja de sorprender el descuido para rematar la faena. Observaran las vías públicas sin aceras, con un nuevo diseño armónico y uniforme que da modernidad y accesibilidad a los viandantes pero si levantan la vista a las fachadas de los edificios también podrán admirar las nuevos faroles que han colocado… eso si junto a los vestigios de las antiguas farolas.
De todo esto sólo se deduce que dentro de esos faraónicos presupuestos no se incluía una partida para la retirada del material desperfecto o inútil y que los turistas, como los portuenses, “adoran” las obras.
Socorro






¡Y que vivan los despropósitos!
Yo creo que no entendeis el arte de la dualidad. Tenemos que estudiar más filosofía. ¡Está muy claro!. Se trata de la calle “Luna” y la luna tiene dos caras, la que ilumina y la oscura. Es evidente que se trata de una bella metáfora urbanística. jajajaja