¿Saben cuál es el tema de conversación en las últimas semanas? ¿Y cuál va a ser en lo que queda de verano? La proliferación de obras, las calles levantadas y el colapso circulatorio que provocan.
Sobre lo que no hay dudas es que a todos nos molestan las obras. Cuando tenemos un albañil en casa, siempre sabemos cuando entra por primera vez y que después de su marcha nos tendremos que hartar de limpiar. Pero tantas molestias las olvidamos y llegamos a extasiarnos de lo bonito que ha quedado todo, con ese suelo de parqué último modelo, las ventanas a prueba de ruido y los nuevos apliques que encontramos en Ikea. Pues la ciudad es igual, es nuestra casa común que siempre necesita un arreglito, pero con peculiaridades, principalmente la relativa al presupuesto (ya sea un simple bordillo o una avenida la cifra consignada será enorme y repleta de ceros) y con dos diferencias: fecha elegida y escasa minuciosidad.






