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La primera impresión es la que cuenta o eso dicen

13 Junio 2009

gorrillaEs difícil adivinar el futuro que tendrá El Puerto y como le afectará la situación actual. Si tenemos en cuenta que España tiene todas las papeletas que nos tocará sufrir más y durante más tiempo que ningún otro país en los próximos años imaginen lo que puede pasar en nuestra ciudad si ya estamos en una comunidad autónoma situada en las últimas filas de Europa y en una provincia que se caracteriza no solo por su salero sino por ser el paradigma de cualquier Ley de Murphy imperante en el universo y en el resto de la galaxia, que podríamos definir en “si algo puede salir mal, saldrá mal”, ya sea el paro, el cierre de empresas, el calor o el levante…

Me encantaría definir al Puerto como ciudad innovadora, con espíritu comercial, tecnológicamente avanzada y anclada en unas raíces de amor al progreso. Esto supondría estar a la vanguardia y poseer de unos mimbres para construir el futuro pero la coyuntura porteña es distinta. En caso de que exista tejido industrial, éste es insignificante o está sujeto a subvenciones estatales o autonómicas que es lo mismo que usar andador toda la vida; el comercio, pilar básico de la economía, huye de nuestras calles para asentarse en localidades cercanas como Jerez o Cádiz; y la innovación es algo que sólo entendemos en relación a nuevas tendencias en trajes de gitana o a estilos carnavalescos.

¿Qué nos queda? El turismo. Hasta ahora, las ciudades españolas han tenido poca o escasa competencia pero en los últimos años otras ciudades extranjeras están “robando” la clientela basando su oferta en los mismos criterios turísticos de sol y playa pero a precios mucho más baratos. Por tanto, lo lógicogolf sería decantarnos por un turismo de gran calidad, potenciando los valores culturales (teatro, toros, gastronomía), ecológicos (rutas de senderismo), deportivos (vela, tenis, padel y golf), lúdicos y de esparcimiento (sol, playa y noche) y ajustando el precio a la calidad que se ofrece. Este turismo generará puestos de trabajo, riqueza y lo que es mejor, una “bolsa de clientes satisfechos” que harán publicidad positiva y volverán.

Por tanto, la ciudad requiere una ingente labor de mejora y perfeccionamiento para situarla en el nivel que le corresponde. Y está muy bien programar puentes, centros comerciales, grandiosos aparcamientos y demás obras faraónicas pero si no se cuidan los detalles no servirá para nada. El que venga no volverá. Detalles como la seguridad, limpieza, tranquilidad y respeto. Estos son elementos indispensables para cualquier persona que venga a descansar y pasar una estancia agradable. ¿Lo ofrece El Puerto?

Es curioso como aparece el caos, el ruido y las obras en plena temporada turística pero además tenemos que añadir la insolencia, descaro e imposición de los llamados gorrillas. Sujetos que imponen “labores de ayuda” a la hora de buscar aparcamiento. Esta especie de impuesto revolucionario o silenciosa amenaza -porque lo pagas sí o sí- obliga aceptar sus servicios a ciudadanos honrados que ya están hartos de pagar impuestos y tasas.

Ya es hora que empecemos a mirar por El Puerto pero los primeros, los políticos que para eso cobran.

Socorro


7 comentarios

  1. en Madrid las mafias extranjeras controlan a los gorrillas, pronto aquí tambi´n si no se hace algo, son espanta-turistas. Gorrillas de mafias
    Las autoridades deben responsabilizarse y terminar con esta plaga que ahora aumenta en verano.


  2. En la web: Técnicas para no pagar a los “gorrillas” pueden ver algunos trucos contra el impuesto de esta gentuza, si la Local ni nadie hace nada, como es el caso del Puerto

    1) TÉCNICA DE LA LLAMADA: Una vez aparcado observas cómo un gorrilla viene apresuradamente para cobrar su impuesto. Es el momento de acordarte de esa llamada tan importante que tienes que hacer a tu madre, padre, novia, amigo, y que nunca recuerdas hacer. Yo cogí por costumbre reflexionar unos instantes en ese momento sobre con quién tengo que hablar. Cuando llevas tres minutos hablando y sin mirarle el gorrilla se va.

    2) TÉCNICA DEL BESO: Vas con tu novia/o y el gorrilla se acerca. Aprovecháis para daros un morreo de los de película, con metida de mano incluida (a elección de cada cual, hasta donde os dejen). Al final el gorrilla se va. Ésta técnica es la más placentera, a la par que rápida y efectiva.

    3) TÉCNICA DE LA BRONCA: Vas con un colega y simuláis, a gritos, una espectacular bronca, justo cuando estáis terminando de aparcar. Os bajáis del coche con cara de cabreo o incluso aún discutiendo. Si el gorrilla dice algo (el típico “buenas tardes, caballero”) se le mira con cabreo y no se le contesta. No suele decir nada más y se va. Y si dice algo se sigue con la bronca con tu colega, ignorándole. No falla.

    4) TÉCNICA DE LA BARRERA IDIOMÁTICA: Vas sólo y se acerca un gorrilla con su protocolario saludo “buenas noches, caballero, etc.”. Le contestas en inglés con un “I’m sorry, sir, I don’t speak Spanish”, con buen acento. La cara de desconcierto es espectacular. Existen variantes con otros idiomas (francés, alemán, holandes, euskera, etc. mejor que inglés, aunque lo mejor y más efectivo es soltar una frase initeligible en un idioma inventado: “Ijkta latfruiska mochtsasha weishlikajuip, totpli kai”, por ejemplo). Es importante usar esta táctica sólo en caso de que sepas que el gorrilla no te conoce (fuera de tu barrio, en otra ciudad, etc.) y siempre y cuando no tengas elementos inequívocamente locales (banderas, escudos, etc.) aunque éstos suelen pasar desapercibidos (no son tan susceptibles).

    5) TÉCNICA DEL ENTRENAMIENTO: Vas a aparcar cerca de tu casa, la calle es larga y hay bastante aparcamiento, pero el gorrilla se pega carreras continuamente de una punta a otra intentando cobrar el chantaje. Llegas a un hueco, pones el intermitente y ves como el gorrilla viene desde el quinto coño corriendo para que le des algo. Sin mirarle, como el que no te das cuenta, cambias de opinión y decides no aparcar ahi, al final el tío se ha pegado un carrerón para nada. Te vas a la otra punta de la calle y repites la operación. Al final se aburren de correr. Si varias personas que vivís en la misma zona os acostumbráis a hacer esto habitualmente, le cogen manía a la calle y se largan. Probablemente los reemplacen otros, pero ése es otro tema.


  3. Respecto al último párrafo del escrito:
    Los políticos se ocuparán de cobrar y de nada más. Son unos corruptos por definición y no hacen nada.


  4. Votaré de por vida a quien me quite a los gorrillas de las calles. ¿Hay… calzones para eso?


  5. Me gustaría añadir al manual una técnica muy divertida que puse en práctica con un gorrilla de la plaza de toros del Puerto. Yo le llamaría la “Táctica Tupperware” (tape para los amigos) y se basa en los principios elementales de la psicología inversa:
    En cuanto abras la puerta del coche, sacas del maletero con energía y aspavientos, una colección de “tapes” de todos los colores y te pones a venderle al gorrilla e intentar insinuarle que no va a ser fácil regatearte.
    “Si señor, aproveche la oferta, si me compra tres le regalo el libro de recetas de Ferran Adrià, sí sí sí, tres euros es mi última oferta, no se pierda la posibilidad de guardar sus alimentos a la paz que mantenerlos frescos” ¿No me dirá que no es un ofertón?

    En mi caso el gorrilla salió espantado entre murmullos y sílabas irreconocibles.


  6. Estos señores con mano de péndulo, chaleco “amarillo fosforoso”, que diga, fosforito, (¿en qué estaría yo pensando?), gorra americana de corte clásico ochentero, uñas largas capaces de palpar la moneda recibida y adquirir en un segundo su valor económico actual en el mercado de valores cual tiburón de la “NYSE”. Estos personajes que realizan ese movimiento muelle de hombro resultado de la acción conjunta de las articulaciones glenohumeral, acromoclavicular y esternoclavicular*, reciben una suma cuantiosa diaria y libre de impuestos a cambio de tener más agujetas que el sobaco de un churrero.

    Estos actores de comedia barata que van “de gorra” por la vida, están sembrando el odio, el temor y la desconfianza tanto en el ciudadano como en el turista.

    Hay insecticidas pocos costosos y muy eficaces, y no sólo están en manos de los de arriba sino también en las de los de abajo, que empiezan ya a cansarse de verse obligados al pago de estos indeseables aranceles.

    ¿Se imaginan a un camarero pidiendo “la voluntad” por guardarle la silla y la ensaladilla mientras va al baño?… en tiempos de crisis no demos ideas.


  7. La gente esta harta de Aparcacoches y gorrillas y de tanta gentuza cobrando lo que sea.

    Aparcacoches y gorrillas



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