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El viejo ordenador de mi amiga

3 junio 2009

221_Foto_1Mi amiga se alarmó muchísimo, el aparato empezó a emitir extraños ruidos. Nunca antes los había oído, miró los cables, los tocó y movió, pulsó con nerviosismo casi todas las teclas,  el chirriante y casi grotesco sonido no variaba. Deslizó su mano por encima de la caja y notó un calentamiento inusual, con decisión tomó la medida más expeditiva y segura: desenchufar.

Se quedo sentada delante de la oscura pantalla, extenuada, sin saber que hacer.

Transcurrido un buen rato me llamó para desahogarse un poco, me contó lo que había supuesto para ella el ordenador en este último año e incluso –con mucho sentimiento– le daba las gracias, al artilugio, por ello. Debo confesar que me emocioné, era “su” ordenador, con él había iniciado la tremenda aventura de la tecnología, de los correos electrónicos, había gozado de las maravillosas exploraciones en “Google”, había visto casi nacer a una nieta a través de su “webcam”, y ya se movía con destreza entre los ID y los “passwords”…

Cada mañana aún somnolienta y antes del café, lo primero que solía hacer era encender el computador, después seguía con sus cotidianos quehaceres para acabar sentándose delante de la voluminosa pantalla –de las antiguas– y echar un vistazo a sus correos y a la prensa. Lo tenía encendido todo el día, para así, en cuanto que podía y sus tareas lo permitían, se acercaba y miraba algo, o visitaba alguna página Web o daba respuesta a las misivas de sus amistades. La máquina le había transformado la vida y se había convertido en un peculiar báculo.

Su ordenador era “su” ordenador, el dispositivo había pasado –en poco tiempo– a ser una parte integral de su vida. Era un modelo descatalogado, de poca memoria, de ruidosos y rancios discos duros, con una desvencijada lectora de CD’s, una maraña de cables que asustaba, y un adaptador Wi-fi al que daba auténticas palizas cuando dejaba de enviarle una buena señal. Ahora ha quedado mudo y separado del ciberespacio, fenecido, pero dejándole una generosa estela de buenos momentos.

Quizás pronto poseerá uno de esos coquetos de traer y llevar, con maletín elegante y ligero de peso; pero no será lo mismo que la vetusta locomotora con el XP funcionando a duras penas; en su rincón del suelo, debajo de la mesita negra, con sus rizos de cables y desgastado teclado… Su viejo ordenador.

Crisol T.

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2 comentarios

  1. Me ha emocionado mucho su escrito Dña. Crisol, y me ha dado pena a la vez que alegría lo que le ha ocurrido a su amiga. Pena, porque ya no volverá a manejar su viejo ordenador que tantas emociones le ha hecho sentir y alegría porque a través de él ha aprendido mucho lo que le permitirá poder manejar otro y sequir aprendiendo incluso a más velocidad. Pero me imagino que nunca olvidará su “taca-taca” cibernético. Ánimo amiga de Dña. Crisol.


  2. “Renovar o morir”…dijo una persona que no había entendido o sentido el auténtico significado de la palabra nostalgia.



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