
“No quiero que me arrullen con cuentos”
31 mayo 2009
Cuando miramos a nuestro alrededor, nos inunda la zozobra: crisis, paro, futuro incierto… Pocos asientos para el optimismo y la confianza. En uno de esos momentos en los que la serenidad se me ausenta tomo en mis manos una antología poética de Rafael Alberti, la abro al azar:
Ángel de luz, ardiendo,
¡oh, ven!, y con tu espada
incendia los abismos donde yace
mi subterráneo ángel de las nieblas.
El ángel de la luz se enfrenta en singular batalla al de las sombras y la oscuridad, feroz encuentro, espadas llameantes, lucha sin cuartel:
¡Oh espadazo en las sombras!
Chispas múltiples,
Clavándose en mi cuerpo,
en mis alas sin plumas,
en lo que nadie ve,
vida.
Han entrado en liza, desenvainan. Se escupen y pelean a muerte. Son sólo espadas de sombras, sin luces; corrupción, porquería y asco.
Me estás quemando vivo.
Vuela ya de mí, oscuro
Luzbel de las canteras sin auroras,
de los pozos sin agua,
de las simas sin sueño
ya carbón del espíritu,
sol, luna.
Al lado está Horacio, leo de Odas:
“Para aquel que ve una espada desenvainada sobre su impía cabeza, los festines de Sicilia, con su refinamiento, no tendrán dulce sabor, y el canto de los pájaros, y los acordes de la cítara, no le devolverán el sueño, el dulce sueño que no desdeña las humildes viviendas de los campesinos ni una umbrosa ribera ni las enramadas de Tempe acariciada por los céfiros.”
La espada de Damocles. La desconfianza me quiebra. Sigo, vuelvo con Rafael, arcángel de la palabra.
Me duelen los cabellos
Y las ansias… ¡Oh, quémame!
¡Más, más, sí, sí, más! ¡Quémame!
Hoy. Todo promesas, sonrisas, abrazos… Mañana, la nada, el vacío. Mentiras. Sólo engaños.
¡Quémalo, ángel de la luz, custodio mío,
tú que andabas llorando por las nubes,
tú, sin mí, tú, por mí,
ángel frío de polvo, ya sin gloria,
volcado en las tinieblas!
¡Quémalo, ángel de luz,
quémame y huye!
León Felipe, me regala las últimas palabras… caminaré con ellas:
…que no quiero que me arrullen con cuentos,
Que no quiero,
Que no quiero,
Que no quiero,
Que no quiero que me sellen la boca y los ojos con cuentos,…
Crisol T.





