
Espejito, espejito, por favor dime que soy fea
26 mayo 2009
Llevo más de una semana que casi ni duermo, ni como ni tengo sosiego. Desde que leí “…Sorprende que una señora estupenda tenga ese fondo. Porque las señoras estupendas tienen la cabeza llena de pajaritos, son vacuas, frívolas y supuestas…” en un artículo publicado en el “Diario de Cádiz” a cada rato me asomo al espejo: ¿estoy estupenda… o soy inteligente? Por que parece que es casi imposible, excepto raros casos que pueden ser dignos de estudio, que las dos cosas no se dan en la misma persona si ésta es mujer.
De este frase se desprende que si usted, mujer, es más fea que Picio !Felicidades! eres la personificación de la sabiduría. Si por el contrario, ya sea por una mala jugada del destino, de los dioses o del reparto de genes de sus progenitores A y B, A y A o B y B eres hermosa y estás estupenda… se siente pero eres tonta del bote. !No se puede tener todo!
Este criterio “folclorista” (la inteligencia se lleva refleja en la cara y en el resto de la fachada) que parece una novedad en realidad sería una variación de otros como “las rubias son tontas” o los “hombres las prefieren rubias” e incluso una desviación o modificación perversa del pensamiento Descartes “pienso luego existo” por “horrorosa luego inteligente”. Esta regla contiene varios elementos llamativos: 1) Establece una relación causal entre la belleza y hermosura de una persona y su nivel de inteligencia. 2) Sólo es aplicable cuando la persona tiene la desgracia –o la suerte– de ser mujer.
Y ¿cuál es el problema de este dogma? Principalmente que desconocemos el fundamento por el cual se excluye a un género, en este caso, el masculino. Yo podría afirmar que el hombre “difícil de ver” es por definición inteligente sin tener pruebas que lo sustente, pero eso es hacer trampas y se parece demasiado a lo que hacen los políticos todos los días. Sin olvidar que todos conocemos a mujeres estupendas que ni tienen aves en su azotea, ni son ligeras, ni veleidosas, ni presumidas.
Mientras nos asombramos, enojamos, abochornamos o entramos en una depresión sorprende que no aparezca por este rincón gaditano la luz y adalid de la Igualdad para dejar claro que ella, como muchas otras, es el ejemplo viviente de estar estupenda y ser inteligente y no morir en el intento.
Socorro






No iba a escribir ningún comentario pero me lo ha puesto usted en bandeja (por no decir la otra palabra), si la persona a la que se refiere este artículo y que escribió semejante estupidez es la que yo me imagino “¡VA EL GACHÓ PA PREMIO NOBEL!” por feo.
es verda chama eres muy feaaaaaa q horror