
La feria y las reformas estructurales
13 mayo 2009
Bajó un rato a casa después de venir de la feria, traía puestos esos aros tremendos colgados de los lóbulos de las orejas, una flor un poco desaliñada se alzaba sobre su cabeza y refulgían sus ojos con los restos del maquillaje.
—¿Qué? ¿Cansada de la feria? —le pregunté.
—No sé; creo que no me canso nunca de la feria, pero mi cuerpo no me mantiene —replicó—. Ahora quería charlar un poco contigo de cosas de Economía y así me evado un poco del frenesí de la fiesta.
—¿Hablando de Economía? —le pregunté otra vez incrédula— ¿Descansar de la feria hablando de Economía? —me reí abiertamente—. ¡Eres increíble! Jamás lo hubiese pensado —le dije con dificultades, pues la risa casi me impedía hablar.
—Te lo creas o no así es —me dijo—. ¿Cuándo tendremos señales de que la crisis está acabando?
Un tanto calmada de la risa que me había entrado, contesté:
—No sé cuando aparecerán esas señales que nos permitirán hacer algún diagnóstico de entrar en fase de recuperación, pero considero que cuando haya normalidad de funcionamiento en las bolsas, ya tendremos un paso dado. Inmediatamente después, se debería producir una recomposición del mercado de trabajo y un fuerte movimiento emprendedor.
—Desde hace unos días parece que el Ibex-35 marcha bien, ¿es una buena señal? —me dijo Olga.
—Sí es buena señal, pero es transitoria, no podemos inferir que eso sea una señal de recuperación. Suelo decir que la bolsa tiene un comportamiento un tanto frívolo. Pienso que la recuperación vendrá dentro de bastante más tiempo. Es más, la recuperación vendrá más tarde o más temprano según las cosas se hagan mal o bien. La crisis es profunda, grave y extensa y eso no se remedia en poco tiempo. Tardará, tardará. Ahora lo urgente y principal está en saber afrontarla —hice una pausa para añadir—: hoy, 11 de mayo, Jean Claude Trichet, presidente del BCE y de la Cumbre de Economía Global, ha lanzado urbi et orbi un mensaje de optimismo y confianza, ha asegurado que “la economía mundial está en torno del punto de inflexión y que algunos [países-regiones] ya lo han pasado”. Trichet realizó estas declaraciones tras una reunión con banqueros centrales en el Banco Internacional de Pagos de Basilea. Que me perdone el sabio Sr. Trichet, pero no soy igual de optimista, aunque veo y aprecio su interés por inocular confianza.
—¿Crees que se está afrontando bien la crisis en España?
—En principio las crisis parecen que cogen de sorpresa a los gobiernos y se toman medidas
ya casi normalizadas, es decir las keynesianas: insuflar dinero al sistema que cae. Con esto parece que los políticos están cumpliendo y se quedan a la espera resultados, mientras les da tiempo para pensar qué hacer realmente. Si con la inyección monetaria las cosas marchan aceptablemente entonces respiran tranquilos —también respiré yo un poco—. Esto es malo porque las crisis fuertes siempre demandan reformas estructurales y eso exige que se pongan manos a la obra de manera rápida.
Olga se frotó un poco el ojo derecho con el dorso de la mano pues parecía que algún resto del maquillaje le producía alguna molestia, no obstante preguntó:
—¿Cuáles son las reformas estructurales en las que tú piensas?
—Varias, varias —repliqué—. Creo que son demasiadas para una charla, lo tendremos que hacer en algunas más. La primera que se me viene a la cabeza es hacer un pacto de Estado muy serio, sin demagogias y preparado para durar, para reformar las enseñanzas primaria y secundaria. El sistema de enseñanza, principalmente, debe despolitizarse, debe implantarse la disciplina del esfuerzo, del estudio y de la responsabilidad. El profesorado debe estar motivado y bien especializado, hay que reforzar su figura. La enseñanza debe estar más unificada en todo el territorio nacional. Y fíjate lo que te digo: mientras la enseñanza sea un arma de la batalla política, mal futuro tendremos.
Ví que asentía y que la flor estaba a punto de caerle por delante de la cara.
—¿La enseñanza universitaria también debe reformarse? —me preguntó, mientras trataba de fijar la flor en el pelo.
—En paralelo con las otras enseñanzas también debe de reformarse, y mucho, la enseñanza universitaria, está bajo mínimos. En el pasado año 2008, el periódico The Times publicó una clasificación muy fiable, a mi juicio, de las primeras doscientas universidades del mundo y la única que sale, y en posición muy modesta, la 186, es Universidad de Barcelona. No se puede presumir de octava potencia (o novena o duodécima, da igual) mundial con universidades poco competitivas y muy atrás en calidad. Pienso que habría, primero, que forzar su despolitización. Terminar con la endogamia profesoral, favorecer la movilidad, y muchas más cosas…
—¿Y qué más?
—Bueno —le dije—, debes estar cansada y a lo mejor todavía vuelves a la feria para ver la traca final. Es mejor que lo dejemos para otro día, ¿vale?
—¡Vale! —respondió rápida.
Crisol T.
(Este artículo se publica simultáneamente en el “blog”: «Venimécum de Economía»)





