Bajó un rato a casa después de venir de la feria, traía puestos esos aros tremendos colgados de los lóbulos de las orejas, una flor un poco desaliñada se alzaba sobre su cabeza y refulgían sus ojos con los restos del maquillaje.
—¿Qué? ¿Cansada de la feria? —le pregunté.






