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Los excesos de regulación

4 mayo 2009

leyesAl llamar a la puerta lo hizo de una manera casi inaudible, con unos golpecitos con los nudillos. Sabía que era la hora que mi marido dedica a la siesta y no quería despertarle, además, él no había dormido muy bien a causa de unos descerebrados moteros que se habían empeñado en destrozar la calma nocturna con sus estruendos. Le abrí y entró haciendo un gesto de agacharse y con un dedo vertical sobre los labios indicando silencio. Me reí de su visaje y le dije que pasara a mi habitación para charlar un rato tal como habíamos quedado en hacer.

Le pregunté si tenía algún tema que le interesara tratar y me dijo:

—He leído algo sobre que uno de los mayores problemas de nuestra economía es la hiperregulación, ¿qué me podrías contar de eso? —y me miró con fijeza.           

Me quedé un poco parada pues me sorprendió mucho el asunto que planteaba, no esperaba algo así; no sé por qué.

—La sobrerregulación es también denominada…

No tenía claro como empezar, y dije:

—Sí, ese es uno de los grandes problemas de la economía española —hice una pausa larga y le contesté—: los sistemas de cualquier clase se van enmarañando con el tiempo, se van agotando y se hace necesario apuntalarlos para que persistan y duren más. A un sistema, conforme evoluciona y envejece se le van añadiendo reglas, leyes, normativas, controles, regulaciones… se va complicando y a la vez se van reduciendo tanto su eficacia como su eficiencia; si no se reforma en profundidad tarde o temprano sufrirá un colapso y se paralizará.

—¿Quieres decir que hay un punto crítico en el que la única solución es hacer reingeniería en el sistema? —preguntó Olga.

—Sí. Exacto, aunque es muy difícil averiguar cuál es el momento del punto crítico, habrá un instante a partir del cual hay, necesariamente, que hacer reingeniería del sistema y transformarlo “a cápite ad cálcem” o sea de la cabeza a los pies. Claro, que para eso, si se trata de un sistema económico, tiene que haber voluntad política y eso ya es harina de otro costal. Es muy posible que el poder político se encuentre cómodo con el sistema en equilibrio precario y lo intente mantener activo aunque tenga una absoluta falta de operatividad.

Quedó un poco pensativa, imagino que tratando de asimilar lo que le decía, pero como es muy lista enseguida saltó con una nueva y buena pregunta:

—Me parece deducir de lo que dices que esto está relacionado con el intervencionismo, ¿no?

Sonreí pensando en lo bien que hilaba conceptos e ideas. Le dije:

—Bien… obviamente hay relaciones pero no hay que confundir “intervencionismo” con hiperregulación. agotador Aunque el intervencionismo -y es una de sus características- siempre suele generar y provocar hiperregulación. Una economía intervencionista es aquella en la que el Estado considera que debe someter a su control un gran número de actividades… ¿y cómo? Pues introduciendo regulación en el sistema primero, y después con más regulación, y más regulación hasta llegar, inevitablemente, al fenómeno de la sobreregulación. Pero no creas que este problema es sólo de las economías ‘dirigistas’ también lo es de las economías del occidente capitalista. ¿Recuerdas lo que te decía hace días sobre la relaciones de la Economía y el Estado? Te dije que eran un mal amor. Así es.

Olga no se amilana, me sigue muy bien y es muy participativa en el diálogo.

—Crisol… ¿hay muchos campos de intervencionismo estatal?

—Sí, muchísimos —le contesté—, sí, mira, tenemos por ejemplo, el mercado de trabajo con regulaciones de las relaciones laborales, en horarios, condiciones de trabajo; regulación de salarios, seguridad social obligatoria, participación de sindicatos… Tenemos en el sector financiero, en el sector exterior, en la producción y venta de bienes y servicios… en todo, prácticamente en todo. Me miró con los ojos esos que pone cuando me va a hacer una pregunta algo comprometida y dijo:

—¿Tú que piensas de esto? —e insistió— ¿Qué crees que es lo mejor?

Ahora ya sonreí muy abiertamente pues había caído en mi trampa, esperaba esa pregunta de un momento a otro y replique:

—Mira Olga, mi opinión es la misma que la que en febrero de este año expresó Felipe González, durante su intervención en la conferencia de presidentes de Parlamentos europeos celebrada en la Asamblea Nacional francesa, y que es la misma exactamente que la contenida en la carta de don Quijote a Sancho Panza, gobernador de la ínsula Barataria: “No hagas muchas pragmáticas, y si las hicieres, procura que sean buenas, y sobre todo que se guarden y cumplan; que las pragmáticas que no se guardan lo mismo es que si no fuesen…” En ese instante se asomó mi marido a la puerta y preguntó:

—¿Cuál ha sido el tema de hoy?

Crisol T.

(Este artículo se publica simultáneamente en el “blog”: «Venimécum de Economía»)

2 comentarios

  1. Cualquier partido que tenga como fin primordial permanecer en el poder como sea, tiene que tener como filosofía política el intervencionismo. Intentará controlar todos los pilares en que descansa un Estado y para eso es fundamental controlar, manejar y regular la economía.


  2. No hay que preocuparse… La super Ministra de economía lo va a arreglar todo. Hay que tener fe.



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