
¿Volver a la peseta?
25 abril 2009
Me sentía muy a gusto esa tarde releyendo algunas páginas de esos libros que alguna vez marqué y que de tarde en tarde repaso; me dio un leve ataque de risa con el ácido ingenio de Bertrand Russell al leer una de sus más celebradas frases: “Los científicos se esfuerzan por hacer posible lo imposible. Los políticos por hacer lo posible imposible”. Pensé que era muy cierto, y que incluso eso permitía definir la política como el arte de hacer imposible lo que es posible. El turbador sonido del teléfono me sacó rápidamente del ensimismamiento y descolgué con desgana:
—¿Sí? —enseguida identifiqué la voz que me hablaba, era Olga, mi vecina.
—Bien. Baja ahora. Tengo un rato, sí —le contesté.
Como sé de su rapidez, me fui hacia la puerta para abrirle sin esperar que llamara.
Entró con un periódico que agitaba:
—¿Has leído esto? ¿Has leído esto?… ¡La mayoría de la gente piensa que con la “peseta” hubiésemos resistido mejor la crisis! ¿Tú que crees?
La noticia decía: El 53% de los españoles considera que su antigua moneda nacional, la peseta, hubiera protegido mejor frente a la actual crisis económica que el euro. Leí un poco más y enarqué mis cejas mirando a mi amiga. Ella no esperó más para preguntarme:
—¿Tú que piensas de eso? -vi impaciencia en su rostro.
—Pues… pienso que es un error mayoritario.
—¿Qué hubiera sucedido si estuviésemos todavía utilizando las pesetas en España?
—Pienso que la situación sería dramática, si ahora estamos mirando como sacar la cabeza en medio de la crisis en el caso de estar aún con la peseta estaríamos pensando en como llevarnos un poco de pan a la boca. Imagina la situación, ahora hay poca confianza en el euro pero… ¿cuál sería la confianza en la peseta? De todos modos no creo que un análisis frívolo a través de una encuesta tenga ningún valor. Hacer un estudio retrospectivo de una cuestión así es un poco absurdo, es trabajo de especialistas y para la historia, pues ahora estamos en el euro y eso es lo que hay —la miré a los ojos y le dije—: ¿Qué hubiese pasado de estar todavía en la peseta? Eso nadie lo sabe. Pero yo creo que estaríamos muy mal. La peseta no valdría nada en la situación actual, nada de nada.
Olga se quedó pensativa pero no tardó en lanzar su pregunta:
—¿Crees que España hizo bien en pasar al euro?
Me quité las gafas para limpiarlas un poco, y con ese gesto ganar unos segundos para reflexionar:
—Políticamente sí hizo bien, técnicamente quizás estuvo mal. El pasar a la moneda única fue algo relativamente sencillo, se alcanzaron los criterios que imponía Maastrich: déficit público, tipos de interés, tipo de cambio, inflación; con cierta amplitud y flexibilidad en los criterios. Años antes se habían estudiado —lo hizo el economista canadiense Rober A. Mundell— los requisitos imprescindibles para una integración monetaria correcta, y desde luego no tenían nada que ver con lo que nos exigió la CE, nuestro país no estaba realmente preparado económicamente para entrar en el euro, al igual que Portugal y otros países.
—¿Qué dicen los economistas y políticos que, de alguna manera, defienden que estaríamos mejor con la peseta?
—El argumento que más utilizan es el de la política monetaria, dicen que con la peseta las autoridades económicas tenían más posibilidades de intervención pues podían fabricar dinero, modificar su tipo de interés, etc. Con el euro eso no es posible, todo está bajo el poder decisorio del Banco Central Europeo, al gobierno sólo le queda hacer política fiscal, nada más.
Olga puso esa cara apretada que tiene para los momentos en los que algo no le suena bien y me endilgó lo que sigue:
—Quieres decir que con la peseta nuestra situación actual dependería de las políticas monetarias y fiscales que hubiesen tomado nuestros gobernantes en ese tiempo, ¿no?
Me hizo gracia el acierto de lo que exponía y le contesté:
—Sin duda. Exactamente es lo dices. Suponiendo que se hubiesen tomado en esos años hasta aquí, medidas inteligentes y responsables respecto al empleo, el crecimiento, la inflación, deuda pública, el déficit…
Casi cortando mi exposición dijo:
—Pero eso es suponer que nuestros políticos supiesen hacerlo bien, y en la partitocracia dominante eso es demasiado suponer. Sería fiarse demasiado de ellos —soltó la última frase con agresividad.
—Esa es mi opinión, no confío en que lo hubiesen hecho de manera responsable, el trayecto de
la política desde entonces me niega esa posibilidad. Y claro, la situación actual con la peseta sería como una tragedia económica brutal. Aunque efectivamente, si hubiésemos seguido con las pesetas y haciendo las cosas bien no tendríamos tanto paro, los precios no habrían subido tanto, la vivienda costaría mucho menos y más cosas que quizás hubiesen actuado de manera positiva para lidiar esta crisis. Pero con nuestra estructura política eso es impensable.
Olga asentía con leves inclinaciones hacia delante de su cabeza, y con meridiana claridad expresó lo siguiente:
—Pero con el euro tenemos una situación bastante mala. Paro, miles de inmigrantes sin ayuda para sobrevivir, estructura económica descompuesta, bajísima productividad en lo poco que sigue funcionando, empresas y hogares endeudados mucho más de lo razonable…
—Sí. Lo que dices es bien cierto, pero volver a la peseta es un auténtico suicidio, con una deuda de 900.000 millones de euros, ¿cómo la íbamos a pagar? ¿En pesetas devaluadas? Una locura.
—Pero… En enero el premio Nobel del 2008, Paul Krugman dijo que la moneda única podría ser un peso muerto para que la economía española pudiese mejorar, ya que ofrece menos margen a un país para poner resistencia a la crisis. Incluso la consultora americana Merril Lynch declaró que España tendría las cosas más fáciles si se saliera del euro, ya que se debiera controlar la política monetaria.
Me quedé un poco anonadada al ver los adelantos de mi amiga en su conocimiento de la Economía y solo pude añadir:
—Es cierto, esa postura, defendida por el premio Nobel de Economía Paul Krugman, sentenciaba que le podía estar viniendo bien al Reino Unido ir por libre para fortalecer su economía a través de la devaluación de la libra esterlina. Pero no se refería a España directamente y no se puede inferir que lo que —supuestamente— pudiera ser bueno para la economía británica fuese bueno para la española con la peseta ahora.
Antes de que me interrumpiese y después de una corta pausa añadí:
—Sin que nos lo hayamos propuesto hemos hablado de otros dos puntales de los que soportan el sistema económico: el dinero y el Estado. Ya seguiremos hablando de todo esto.
Crisol T.
(Este artículo se publica simultáneamente en el “blog”:






salirnos del euro es la única posibilidad de afrontar el futuro. Necesitamos producir a precios que sean competitivos, y eso sólo lo podemos hacer devaluando la peseta, y vendiendo en euros a 200 o 220 pesetas cada euro.
A ese precio podríamos vender de todo, y saldríamos de la crisis en tres o cuatro años.
Si no, tenemos para veinte años de pobreza.