Salía por la puerta del mercado que da a la calle Vicario, un poco aturdida de ese trajín que hay allí a horas de las que se llaman punta, y si no freno a tiempo mi carrito hubiese colisionado con el de una señora que entraba en ese momento. Cuando iba a deshacerme en disculpas reconocí a la afanada conductora del otro carrito que no era otra que mi amiga Lola a la cual hacía bastante tiempo que no veía. Mi amiga es proclive a la risa y la tiene bien fácil con lo que el incipiente accidente se convirtió en una mezcla de risas y de mil preguntas y exclamaciones apiñadas en unos segundos, ¿qué tal? ¿Cómo estás? ¡Qué de tiempo! ¿La familia? ¡Qué alegría!… Read the rest of this entry ?
Archivo de 9/02/09






