Hay domingos en los que es muy placentero un paseo, temprano en la mañana por El Puerto, un paseo sin rumbo, a veces por el sol y a veces por la sombra. Llegar a una esquina y dudar unos instantes, ¿adelante?, ¿Derecha o izquierda? Vagar, en realidad, vagar y fijarse en mil ínfimos detalles que se nos ofrecen a la vista y que durante años hemos ignorado. Repetir ese camino que seguíamos de casa al colegio y por unos instantes sentir esas sensaciones de niña con la maletita en la mano y caminando con un pie en la acera y otro en la calle. Oler a pan de la mañana y a pelo recién peinado, parar para curiosear que había dentro de una ventana abierta, esperar a la amiga que vivía de camino… Read the rest of this entry ?






