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Escribir en El Puerto

18 enero 2009

(Acudí hace unos días a mi buena amiga Crisol T. para hablarle de este proyecto y para que escribiese unas palabritas y publicarlas en nuestro prototipo de ‘blog’; ella me ha respondido con gran celeridad enviándome el artículo que a continuación publicamos. Espero que su colaboración con nosotros a partir de ahora, sea muy frecuente. Será un verdadero placer contar con ella y con sus siempre interesantes escritos. Gracias Crisol.)

marianojosedelarra

Mariano José de Larra

Mi viejo y querido amigo constructor de este nuevo “blog” ha tenido la gentileza y consideración  ̶ que agradezco mucho ̶  de acordarse de mí para pedirme que le escriba unas “palabritas” en los comienzos de esta andadura ciberespacial. Lo hago con sumo placer, aunque cuando me lo solicitó no me aclaró de qué asunto deseaba que escribiese, lo dejó a mi elección.

Para no retrasarme en el compromiso adquirido me recogí en mi habitación después de haber tratado de subirle la temperatura durante un rato. Cuando dispuse mis trastos para escribir ya varios grados habían escalado el termómetro. En el acogedor ambiente comencé a pensar un poco en eso tan terrible, ¿de qué escribir? Dejé mi mente volar un poco, intentando no pensar en nada concreto y esperar a que una nube de pensamiento fecunda me trajera una idea. Al cabo de unos minutos, segundos quizás, me acordé que ahora en marzo del 2009 se cumplirán doscientos años del nacimiento del escritor Mariano José de Larra. Larra es mi venerado maestro, y cuando escribo casi espero que una etérea y misteriosa mano suya guíe mi pluma.

Me acordé también de aquella  ̶ mil veces repetida ̶  frase que él escribió: “Escribir en Madrid es llorar, es buscar voz sin encontrarla, como en una pesadilla abrumadora y violenta. Porque no escribe uno siquiera para los suyos”. La escribió en un admirable artículo titulado “Horas de Invierno”. Me ví impulsada de modo involuntario a cambiar Madrid por El Puerto y crear el siguiente interrogante: Escribir en El Puerto, ¿es llorar?

Quedé un poco trastornada con la pregunta. Sí. Un poco sí. Escribir es llorar. Al punto me vino del recuerdo otra frase de Larra: “¿No se lee en este país porque no se escribe, o no se escribe porque no se lee? Esa breve dudilla se me ofrece por hoy, y nada más. Terrible y triste cosa me parece escribir lo que no ha de ser leído”. Me sentí partícipe de sus dudas, un tanto cohibida  ̶ en mi cuarto a solas ̶  y amedrentada por esos pensamientos.

Alguien me decía hace poco que los estudiantes de ahora sólo son capaces de leer como máximo cuatrocientas palabras, y que todo escrito o párrafo que vaya más allá quedará oculto, perdido, inexistente.

No perdamos esa capacidad de leer, no nos perdamos en un frío y vacío ciberespacio sin lecturas… Puse mi pluma a un lado… Ya había llegado a las cuatrocientas palabras.

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Un afectuoso y cordial abrazo para todos los visitantes de este nuevo “blog” del Puerto.

Crisol T.

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Un comentario

  1. Soy una fiel seguidora de los artículos de Dña. Crisol, me parecen de una contundencia a la vez que de una ternura inconmensurables. Gracias por escribir así Dña. Crisol. Visitaré con frecuencia esta página ya que aparte de ver cómo nace este blog me anima mucho el hecho de que escriba una persona que lo hace con una gran maestría y de la cual nunca deja de sorprenderme no sólo ya su vasta cultura sino la gran imaginación para escribir sobre temas que siempre me impactan por lo originales que son. Le repito otra vez ¡GRACIAS DÑA. CRISOL!



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